
Deiby Martínez Cortés, la ONG Protección Canina Mundial y La Nación conmueven al país con entrega de alimento en Capa Neiva
03/06/2025
Colombia y sus perros: una relación que reclama responsabilidad
07/06/2025
Por Jenifer Osorio, Jefe de Prensa de la ONG Protección Canina Mundial
En un país donde las cifras del abandono animal parecen ser solo una sombra más en la agenda pública, hay quienes deciden actuar con el corazón en una mano y la dignidad animal en la otra. La ONG Protección Canina Mundial no es solo una organización: es un acto continuo de resistencia contra la indiferencia.
A diario, cientos de perros en Colombia y otros rincones del mundo enfrentan una realidad tan cruel como silenciosa: el abandono, el hambre, la enfermedad y el maltrato. En este contexto, organizaciones como Protección Canina Mundial tejen historias de esperanza con cada rescate, cada bolsa de alimento entregada y cada campaña de sensibilización que logran sostener, muchas veces sin respaldo estatal.
Bajo el liderazgo del activista y animalista colombiano Deiby Martínez Cortés, esta ONG ha demostrado que el amor también puede ser estratégico y eficaz. Basta con revisar las acciones recientes para entender la magnitud de su compromiso. En Neiva, por ejemplo, la Fundación llevó ayuda al refugio Huellitas de Amor en una operación completamente autofinanciada (ver nota aquí). Lo mismo ocurrió en Santa Bárbara, donde la ONG entregó alimentos sin un solo peso de apoyo estatal (ver aquí).
Esto no es filantropía de vitrina ni activismo de redes sociales. Es una cruzada que, gota a gota, construye un movimiento regional y global por el bienestar canino. Porque si bien la labor comienza en zonas vulnerables de Colombia, la visión de Protección Canina Mundial va mucho más allá de las fronteras. La organización apuesta por incidir en políticas públicas internacionales que reconozcan al bienestar animal como un derecho fundamental. Y ese es quizás uno de los aspectos más revolucionarios de su misión: convertir la compasión en norma, no en excepción.
Hoy más que nunca necesitamos organizaciones que, como esta ONG, desafíen la indiferencia colectiva con actos concretos. Necesitamos campañas masivas de esterilización, pero también una pedagogía emocional que nos haga entender que el maltrato a los animales no es un problema secundario, sino un reflejo de lo que somos como sociedad. Que no es «solo un perro»: es una vida.
Por eso, cada kilo de concentrado entregado en municipios como Palermo (ver caso) o Neiva (ver historia) es también una declaración política. Una forma de decir que el Estado puede fallar, pero la sociedad civil no tiene por qué rendirse.
Y mientras esta Fundación continúe abriendo caminos, quienes amamos a los animales tenemos el deber moral de sumarnos: compartiendo, donando, adoptando, denunciando. Porque no se trata solo de rescatar patitas: se trata de construir un mundo más justo desde quienes menos voz tienen.




